sábado, 21 de agosto de 2010

Noticias de mañana.


Los periódicos de ayer

traen noticias de mañana

pero nada sobre hoy


Arde un bosque en no sé donde

debo apagarlo en mi bosque

antes de que arda.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Entre las hojas.


Flamean distancias más allá del vino

en un país de devociones caducadas

con tabúes arrojados a los cestos

y bárbaros gritando consignas desde las ventanas

un extraño confín

familiar como un espejo roto

en el asombro de la infancia


Avizoro gatos en mis cosquillas

disloque de la piel cuando se avecina

una tarde estival con tormentas


El bochorno me aniquila

tu mirada en el cenit

abarcadora

calcina piel

como un divorcio


Los pájaros dormitan

entre las hojas.

lunes, 16 de agosto de 2010

Vuelven


Vuelven en las tardes

y no son pájaros


Vuelven

sólo vuelven

y me reconozco

en su tristeza larga.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Siempre a las cinco de la tarde.


Después de la muerte de él, ella se resistió a la soledad. Se aferró a la hora del té. Un viejo samovar de dudoso estilo, una mesa, un espejo, dos tazas humeantes y algunas golosinas. Siempre a las cinco de la tarde. Él ahí, fuera de toda edad, íntimo y solícito. Ella, digna en su coquetería senil, con gestos casi felices. Los recuerdos en cada sorbito.

- El té es la eternidad...¿verdad?- ella le pregunta.

Él sólo sonríe.

- ¡Sí!- se responde ella y bebe, bebe y sonríe.

Paisaje después del crimen.


El hombre que se despertó sin rabia, fue arrastrado, sin saberlo, por la rabia de la multitud y cometió con todos el crimen. Luego regresó a casa impoluto; una aureola de inocencia le envolvía.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Amantes.





Estaban hechos el uno para el otro, pero no para poseerse, sino para añorarse. Así fueron felices con sus respectivos cónyuges a través de una infidelidad potable. Se dice que llegaron a odiarse de un modo trémulo, el sutil odio de amantes cansados. Nadie conoce de un beso o un roce de estos cuerpos habitados por almas gemelas, sólo miradas dulces o amargas, gestos que decían algo y por los que se sentían culpables. Pero era un lenguaje críptico que sólo ellos podían descifrar, pero que poco a poco se tornó más oscuro, como entresijos de un enigma que los llegó a aburrir hasta abandonarlo. Se hicieron viejos como desconocidos, en la memoria perdida quedó lo demás.

Incubando alas.


El poema nos rehace

en lo que pudo haber sido

un país de orugas

incubando alas

al devorar las hojas

devoradoras del sol


Lo efímero revoloteando

en el jardín interior.