sábado, 28 de diciembre de 2013

Cuaderno de Bitácora, 31 de Diciembre del...(Reedición)

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    Me veo en un barco abandonado en un muelle extraño, la última noche de un año en que el abandono echó anclas en las turbias aguas de mis dudas. Bamboleo solitario junto a una ciudad que transcurre al otro lado de mis afectos. Pido auxilio y nadie acude. Es grave. Soy un marinero que no sabe nadar, un pez sin agallas, un raro ciudadano del siglo que aún se emociona con la migración de las aves al atardecer y se debate desamparado ante la magia digital. Quizás no sea difícil saber por qué me han abandonado, otra cosa es comprenderlo.
    Hastiado de gritar, intento conciliarme con mi barco, un armatoste oxidado, con la memoria de mil tormentas de proa a popa, desvencijados camarotes, cabos sueltos y atados, quejidos de la arboladura, la bitácora sin brújula y el cuaderno desencuadernado, el silencio señoreando la sala de máquinas. Creía conocer mi barco, pero no o este no lo es. Algo me confunde, no sé si sus dimensiones o la falta de complicidad. Me siento cansado, muy cansado, como recién salido de un temporal. Hace frío, más bien viento frío. Busco refugio en el más confortable de los camarotes, el del capitán, abierto como todos y como todos revuelto y con ratas, despreciables pero vivas, una opción cómplice. Me tapo con harapos y me duermo. Sueño con una ciudad a medianoche, la última medianoche del año. Repican las campanas, pitan los barcos, el cielo se engalana con fuegos de artificio y yo la beso a ella en el muelle y contemplamos un barco oscuro que se mece. "¿Por qué lo habrán abandonado?" Me pregunta y no sé que responderle, la vuelvo a besar, se aprieta contra mí "No quiero ser como ese barco", me susurra, "Yo me preguntaría qué ha sido de los marineros" es lo que le digo, la siento temblar. Ella calla por un instante y luego me dice en un bisbiseo, "Es lo mismo". Me despierto. Ululan los barcos surtos, menos el mío, por la claraboya entra la luz de los fuegos, la ciudad toda es un clamor de advenimiento. Subo a cubierta. Mi barco se mueve, ha soltado las amarras y se aleja del muelle donde una parejita se besa. Imagino que sigo soñando o que estoy muerto. Tal vez no es imaginación. También puede que estuviera muerto y ahora estoy vivo, resucitado por el abandono. El barco navega de nuevo y la ciudad se difumina en una distante decrepitud. No sé nada sobre la tripulación, ignoro quién es el capitán y quién el timonel. Solo sé que entiendo las órdenes y creo saber a dónde voy.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

El usurpador.

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      La desesperación tocó hace un rato y yo me desentendí de la puerta. Jugué con ello, es imaginación o aire, dije, tal vez un espectro errante que ha confundido mi casa con su tumba. Me desentendí, me resulta cómodo. Quiero dormir, morirme un poco y abrir puertas maravillosas a mundos delirios con sus claves, olvidar la mala interpretación que hago de la realidad. Mi cráneo alberga un universo trastocado, con laberintos al detalle y señales burlescas. Pero también hay algo más, lo más o el más allá que se acomoda en intersticios cuánticos que, con su traje matemático, se presta a todo, como que tú y yo estemos unidos por un hipotético túnel con fuerte fluir de información que reta las limitaciones y su gravedad deformante. Será por eso que te sueño con dudosa lucidez y que la desesperación vuelve a tocar, ahora de un modo casi dulce o el muerto que viene a recuperar su tumba.


viernes, 13 de diciembre de 2013

Recital.

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Hoy

me invité a leer

unos poemas

No poemas de otros

sino mis poemas

Y al empezar

vi que el teatro estaba vacío

Todos los espectadores

se refugiaron en mi voz

Y asistí

solo y extrañado

al desfile de palabras

Y no estuve seguro de nada

ya no supe si leía a otros

o a mí.


sábado, 7 de diciembre de 2013

Simiente de la ternura.

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    Caminarás aquel parque donde no estuvimos, pero en el que te soñé sin conocerte, aún mágico con mis neuronas al desgaire, ensayando sinapsis como microscópicas magas del asombro en fastuoso baile, así te soñé. Algunos le llaman sexto sentido, da igual, estuviste ahí aquella noche, hablé contigo y quedé prendado del tú gestual, ese conjunto que se repite a lo largo de mi vida en cada mujer que me roza. Caminarás por ese parque al anochecer, por eso de la nostalgia y te sentarás en aquel banco, observarás las mismas ventanas de los edificios y habrá frío y viento, nubes en un cielo invernal y me verás llegar, pasaré a tu lado y no te veré, pero sabrás que me conoces y que hay memoria en tu piel y lo quieras o no, tendrás que llorar, un llanto dulce, adolescente, simiente para una ternura que no te abandonará.