viernes, 17 de enero de 2014

Y yo.



Nací
y viví
en casas
que ha incendiado el tiempo
un intenso crepitar
e intensas llamas
un profundo humo hacia las nubes
cenizas dispersas
y un olor persistente en la memoria
a crematorio del orden
que se deshace
los rostros
todo
y yo.

4 comentarios:

Guillermo Iglesias dijo...

Leo, Andrés, el vértigo de la memoria, la sucesión de eternidades efímeras; nuestra propia evanescencia; el tiempo, tan pródigo en incendios, en cenizas. Sé, sin embargo, que perdurará el poema, como un testigo incombustible de nuestros sueños.
Un abrazo, amigo.

anabel monasterio gar dijo...

el orden es tan solo el crepúsculo del sol... enorabuena por tus letras, un beso

Anónimo dijo...

Ese incendio producido por el tiempo, Andrés, podría ser descrito de modo diferente, pero dudo que mejor. Sí, el tiempo todo lo reduce a cenizas, lo incinera, es el gran crematorio. Gracias por llamarme la atención de un modo tan gráfico sobre algo que, a veces (tú y yo lo sabemos), no es una metáfora de la realidad, es la realidad.

Gracias una vez más y un abrazo.

Abel German

Lyliam dijo...

Es de una tristeza infinita Andrés, retener en la memoria a pesar de ya no quedar nada es tan difícil como imposible es borrarlo todo. Un gusto visitarte.