jueves, 22 de agosto de 2013

Sabor rojo.

Este sabor rojo

venido del atardecer en quiebra

este mal negocio del día

hace posible el grito

largo

como una caricia

a los perros del odio

este sabor aullido

para arropar a la placidez

con el ropón de las circunstancias.

5 comentarios:

Vabardina dijo...

Quién no ha sentido el sabor del "mal negocio del día". Cercanía.

Miguel Angel dijo...

En efecto, en un mundo en descomposición, las circunstancias (sobrevenidas) son las que nos hacen tolerable la pasividad conque observamos el dolor y la sangre ajena. A fin de cuentas, es como observar una tragedia (¡!) en un escenario distante.
Muy acertados los versos.
Un abrazo.

Guillermo Iglesias dijo...

Excelente, Andrés. Siempre sentí que ese recurso -la sinestesia- es un extremo, un borde de desesperación del poeta. Una necesidad de forzar el código para lograr expresarse. Y también sé que es así, sólo cuando se utiliza genuinamente, como en este poderoso texto.

Un fuerte abrazo, amigo.

Anónimo dijo...

Un poema, Andrés, con imágenes muy potentes. Y muy verdadero. Porque, sí, ese rojo que viene del atardecer, saboreado más que visto (o visto y saboreado e incorporado), hace que soportemos mejor "la quiebra", el "mal negocio del día"... el desastre de las circunstancias.

Un abrazo.

Abel German

← Nicolás . dijo...

Como un grito, puede darnos tranquilidad y pasividad. Gracias por escribirlo.
Au revoir !