lunes, 29 de abril de 2013

Y sin embargo, estuve.

                                                                   Foto realizada por el autor.


 

    No me avisaron y sin embargo, estuve. Sucede que hay gritos en las costuras de la noche o el canto de ciertos pájaros en el ensueño, sopores de la razón. Espejos de aire, susurros del tiempo entre insomnios, modos para hablar con los oráculos sin saberlo. Lo supe y caté los derrumbes con amargor, salivando miseria en la memoria, desgarros en la piel invisible de los deseos, olor a humo tierno de amores chamuscados. Descifré todo eso, con estupor, como quien lee las entrañas de un cervatillo muerto. Todo vino a mí con su vestido de culpa enmascarada, con ese perfume zafio que irrumpe en mi memoria y desordena los mapas. Entre los descuidos del humo entreví, esa mirada suya que se escabulle y enrumba a un destino que me aparta. Me sentí advertido acerca de cierto escape, en un gesto fatal que me excluye. Acudí, por si necesitaba ayuda, no me la había pedido, no me la pediría, para ella yo era el verdugo. Cuando abrí la puerta, ya no estaba. La habitación vacía, intentaba comunicarse con un silencio harto, que provocaba vértigo. Salí, sin rumbo definido, pero algo me arrastraba, siempre por una misma calle, que era todas las calles de una ciudad imposible, aquella que soñamos los dos antes de las bifurcaciones. La ciudad con su puente sobre el curso seco del rio mágico, nuestra ciudad. Y allí estaba, en la baranda que reta los límites con llamados sanadores, balsámicos. Me acerqué despacio para no asustarle, pero sin volverse, dijo: ¡Mira! y con un gesto vago, señaló el vacío y no quise mirar, ya era demasiado tarde.


4 comentarios:

Pilar Cárdenes dijo...

A veces esas circunstancias imposibles que nos convierten en verdugos dejan la huella de su reanimación.
Un placer leerte.
Saludos

Isabel Martínez Barquero dijo...

¡Precioso!

Marinel dijo...

Impresionante relato.
Me ha encantado la forma de escribirlo y describir sentimientos que acorralan.
Un placer,de veras que sí.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Este texto tiene todo el misterio que hace que la poesía sea lo que es: una fuente de inagotable imaginación; un hallazgo constante; una música que nunca hemos oído y que nos hechiza.

Gracias por este gran poema.

Abel German