martes, 4 de junio de 2013

El tiempo pierde el interés.

                                                                             Imagen de la Red editada.



 

    Busca en lo mínimo la expresión de lo máximo y establece los límites, sabrás menos de los dos y tendrás la sensación de saberlo todo. Ata los nexos con los inconexos, los brillos con los opacos, cabalga y descabalga el potro de la hondura, bestia sideral que se disuelve en las equivocaciones de la cábala, descubre a Dios en los despistes y en el saludo que acude, intuye la más atroz de las despedidas. Busca en un segundo los siglos. Los siglos son ese segundo que te trasciende y gotea en instantes que te salvan y por los que incluso existes, presumiendo ser mimado por Dios, que te mira y exalta entre todas las especies.  Y así creído un buen día, el tiempo pierde el interés por el espacio y nada vuelve a suceder, salvo una ecuación que nadie resuelve.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El tiempo -esa dimensión tan hermanada a la intuición de lo eterno- impone fatal esa visión nihilista de la existencia. Sin embargo, siento que en esa "ecuación que nadie resuelve" hay por lo menos una incógnita por la que vale la pena existir.

Tu excelente texto, Andrés, no se agota en una sola lectura.

Ceciely dijo...

Estoy de acuerdo a tu enunciado…hay una fórmula errada que no encaja…culpa de quién???
Una reflexión para reflexionar.
Un abrazo. Buen miércoles.

PD Una sugerencia, si puedes elimina las letras que hay que poner en...Demuestra que no eres un robot.

Anónimo dijo...

Tus textos, Andrés, tienen la extraordinaria cualidad de alentar la reflexión. Tocan las grandes preguntas (las preguntas eternas) siempre desde una óptica nueva y con una belleza también nueva. Haces que uno vuelva a ellas como si fuese la primera vez, lo que es admirable.

Un abrazo.

Abel German