jueves, 31 de octubre de 2013

Tragicomedia fatua.

                                                                  Imagen descargada de la Red.


 

      Usted, yo y los demás, somos víctimas potenciales de un crimen que pueden cometer ellos, tú o yo. Así de truculento es el hecho de estar y transcurrir en una trama que se construye a sí misma en un sinsentido que presume de finalidad. Eso nos impone una situación compleja que exige un alerta perenne en cuanto a víctimas probables y a un no menos perpetuo acecho de la conducta y las peripecias ajenas, por si las circunstancias nos eligen como verdugos. Eso no impide, que coexistamos en un grado más o menos aceptable de cordialidad e incluso que lleguemos a experimentar el amor y nos unamos en pequeños equipos de sólidos lazos afectivos para reforzar la seguridad. La situación engendrada en tales casos es rica en equívocos, con potencialidad suficiente como para derivar en el escenario óptimo  que  produzca el crimen en el contexto de una coartada doméstica. Este guion brota espontáneamente como consecuencia de los acontecimientos y sus infinitas conexiones internas y externas, en las que causas y efectos intercambian identidad de un modo aleatorio y nos sorprenden. Todos escenificamos una y otra vez esta tragicomedia fatua en el explosivo escenario del cosmos a la pálida luz de miríadas de fantasmas y el ritmo inefable de un piano sordo que opaca la voz del apuntador.


3 comentarios:

Guillermo Iglesias dijo...

En ese juego de espejos móviles, tan lúcidamente intuido, Andrés, no tenemos derecho a lamentar ser los verdugos, ni podemos jactarnos de ser las víctimas
Debe haber algo inamovible, quizá un eco de las voz del apuntador resuene en tu propio texto.
Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Describes muy bien, de forma muy sinóptica y breve, la realidad en que vivimos. En que, de un modo u otro, han vivido todos los que han sido. Porque ése, al menos hasta ahora, es el juego. Un texto muy lúcido, Andrés.

Un abrazo.

Abel German

Ceciely Zevallos dijo...

En la trágicomedia vivimos siendo esclavos o verdugos, sin darnos cuentas hacemos roles diversos y no hay quien nos despierte del mundano circo.
"Ya llegaron los payasos con sus caretas rientes
Ya llegaron los payasos con sus caretas lloronas
y yo sigo girando entre jirones humanos
y también vendo ilusiones en el circo" de mi Kempis.
Un texto que sacude y nos desnuda. Excelente!!!