lunes, 12 de abril de 2010

Personaje secundario.


Cuando huía todo se iba con él. Decorados más o decorados menos, el guión era el mismo y su papel lo tenía bien aprendido. Era amargo y seguía amargo. Era secundario y seguía secundario. Los aplausos , al final, no serían para él. No sospechaba, el pobre, que eso no era importante, si acaso para el que aplaudía. No obstante huía y huía y el telón ahí, esperando.

2 comentarios:

Robert Soto Legón dijo...

De alguna manera todos huímos del "papel" que tenemos asignado en el gran teatro que es la vida. Corto y contundente este texto, de los que te obliga a reflexionar. Que espere el telón...

Abel German dijo...

Un texto kafkiano, porque la vida es kafkiana. Pero también muy tuyo. Un breve texto que inquieta. Sí, uno huye del rol que jugamos, pero el rol huye con nosotros. Y lo más impresionante es ese telón que espera. Ese telón que caerá de todos modos y que forma parte de la obra que representamos. Aunque sólo sea para marcar su final. Como en el teatro.