martes, 23 de junio de 2015

El heredero.

Estaba
en el extremo de la penumbra
como una prolongación de lo turbio
o una pupila
dilatada
en un descuido

Allí estuvo siempre
esperándome
a mí
el hijo de la niebla
y el heredero
de la pesadilla
del insomne.
        

2 comentarios:

Abel German dijo...

Muy bueno, hermano. Como la foto. Algo (lo que heredamos, cualquier cosa que sea) se diluye en esa niebla. Me ha impresionado mucho.

guillermo iglesias dijo...

Muy bueno, Andrés. Ese verbo inaugural le confiere al poema un tono de confirmación, de corroboración. "Estaba" -en efecto- esa sombría entidad largamente intuida. Hay una inquietante belleza en esa visión.
Un abrazo, amigo.