domingo, 21 de junio de 2015

Traducido.

Me vi traducido
a un idioma primordial
donde las palabras
eran
un temblor
una luminiscencia virgen
como larvas
todo así
blando
viscoso
y con una voluntad escondida
buscando
una carga semántica
de sombra con fulgor
en las intenciones de la noche.

 
Foto de Andrés Díaz Castro.


2 comentarios:

guillermo iglesias dijo...

¡Andrés, me parece brillante! Esos breves y ajustados versos proponen con belleza una teoría inversa sobre el lenguaje. Ya no son los objetos que buscan ser nombrados, son, luminosamente, las palabras que buscan el objeto que deben designar. Es como extremar el precepto de que "en el principio fue el verbo". Me encanta este poema que trasciende su valor estético y se propone a la reflexión. Un abrazo, amigo.

Abel German dijo...

Una vez más tratas el asunto de la escritura (y de la lengua) en un texto cargado de significados. Cada texto tuyo se podría levantar como una alfombra (como una hermosa alfombra) y seguramente debajo siempre se encontraría, en lugar de polvo, un gran universo. Un abrazo.